Sobre Mi


He tenido siempre un gran interés con todo lo relacionado acerca de la pintura, la música y el arte en general. De pequeña el mejor regalo que me podrían hacer era una caja de lápices de colores y un cuadernillo con dibujos en blanco y negro para colorear. Mi fantasía infantil me llevaba a realizar dibujos de casitas, paisajes, princesas en su caballo con la melena al aire, pero siempre terminaba rompiéndolos al ver que lo que yo había creado en el papel para nada se parecía a lo que tenía en mente. Ese hecho me producía una frustración inmediata y un enfado conmigo misma por no ser capaz de reproducir esas imágenes maravillosas creadas en mi cabeza.

Por diferentes circunstancias en mi vida me fue imposible tener una formación académica que me permitiera acceder a estudiar la carrera de bellas artes. Lo veía como algo inalcanzable, algo imposible para mí.Mis obligaciones familiares, laborales y por qué no decirlo, una falta de confianza en mí misma me impidió dar los pasos firmes y seguros para poder alcanzar mi sueño. Mi gran oportunidad llegó cuando me prejubilé. Libre de horarios laborales, los hijos ya mayores y un marido siempre puliendo y arañando en la capa de inseguridad y desconfianza personal, fue lo que me animó e impulsó a tomar la decisión de presentarme a la prueba de acceso a la Universidad para mayores de 25 años.

Empecé tímidamente como de puntillas, pero ya en los primeros meses de asistencia a clase me di cuenta que la idea no era tan disparatada, que aquello no era tan difícil como yo me imaginaba, que me sentía capaz de asimilar y aprender, de llegar, quizás, a esa meta de aprobar el acceso a la Universidad. Y así fue, finalmente llegué a cumplir mis propósitos. El primer día que ocupé mi asiento en la clase de Historia de la Pintura, en la Facultad de Bellas Artes, rodeada de compañeros jóvenes y no tan jóvenes, lápiz en mano y papel, no pude contener mi emoción. Ese día sería el primero de los cinco años siguientes que conformarían mi aprendizaje y formación como licenciada en Bellas Artes, escogiendo como especialidad Pintura.

Gracias al apoyo de mi marido y mis hijos, el paso por la universidad se convirtió en una de las experiencias más bonitas, gratificantes y únicas de mi vida. Ha cambiado por completo la manera de ver y percibir la vida. Todo lo siento, lo veo y lo vivo desde otra perspectiva.Me siento realmente afortunada por haber podido cumplir el sueño de mi vida. Pintar.

Ana María González Jiménez

 
 

Reflexiones sobre mi pintura por la pintora Lola Montero

Ana María es una pintora clásica, de principio a fin, en su obra se unen la sutileza, la emoción, la forma, la construcción, es decir, el desarrollo de la pintura clásica en su más riguroso sentido. Pintura de efectos lumínicos y cromáticos, de tonos dorados, grises y blancos. Con factura dinámica donde, a veces, pierden la connotación figurativa, en aras de un mayor expresionismo a base de espátula, consiguiendo un envidiable equilibrio entre las pinceladas y este último instrumento.

Ana María transita por espacios que le conectan con el objetivo que quiere representar. Pero siempre primando el valor del disfrute personal, con un “pa ca y un pa ya”, como ella llama a su manera de hacer. Cuando hace eso se siente pintora y gran intérprete de su realidad. El estilo de Ana María se puede circunscribir en un expresionismo figurativo, que busca en el paisaje de su entorno las formas que le ayuden a plasmar su propia realidad.

Cuando pinta, sueña, pero lo que más admiro de ella es como se introduce y viaja por su obra desde el primer momento que la empieza hasta que la acaba. A Ana María hay que llamarla o hacer ruido alrededor para que salga del lienzo o la tabla, a veces sale sola, por puro cansancio. Y cuando sale de su ensimismamiento, sale con cara de sorpresa y un poco enfadada porque la hemos traído de vuelta a casa. Todavía le queda mucho por recorrer pero no por aprender, ya sabe mucho y creo que estamos ante una pintora que todavía tiene que contarnos todo lo que sabe.

Lola Montero